D. ¿Es delito ser Republicano?

¿Es delito ser republicano?
Los más conspicuos representantes de la derecha en pleno y de la izquierda hija de la Transición trabajan, mano a mano y con un fervor digno de mejor causa, en la defensa numantina de una obra que nadie ha atacado. Viejas glorias o mamporreros, que de todo hay, son libres de emplear su tiempo de ocio como estimen oportuno, pero a lo que no tienen derecho es a mentir, a manipular y a demonizar a todo aquel que no acepte su versión de la historia.
Mienten y manipulan quienes aseguran que está en marcha una operación de “desguace de la Transición”. Se puede sostener que los dirigentes del país tomaron hace tres décadas decisiones muy responsables y estar incluso agradecido por la forma en que desmontaron buena parte de las estructuras franquistas, pero ese reconocimiento es perfectamente compatible con la idea de que ha llegado la hora de una profundización democrática. ¿O acaso dentro de cien años va a seguir siendo obligatorio defender la monarquía del Borbón, la Ley D’Hondt y la excelencia monumental del Valle de los Caídos, so pena de expulsión de la comunidad de patriotas?
Mienten y manipulan quienes afirman que en los “dos bandos” se practicó “una enfurecida limpieza étnica” y añaden que hablar de víctimas y verdugos es “perpetuar la división”. Basta con leer a medias dos libros de historia para saber que no se puede hablar de “dos bandos”. La guerra fue entre unos señores que defendían la legalidad democrática y una banda de sublevados que querían imponer una dictadura fascista. Y el hecho de que los republicanos cometieran atrocidades durante la Guerra Civil, que claro que las cometieron, no es argumento para equiparar a unos demócratas con unos golpistas. ¿No fueron acaso una atrocidad los bombardeos aliados de Hamburgo o Dresden? ¿No fueron acaso una atrocidad las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? Y resulta imposible encontrar a paniaguados y piomoas que pongan al mismo nivel a estadounidenses y japoneses o que mantengan que en la Alemania de los años treinta había “dos bandos”, los nazis por una parte y los judios y defensores de la República de Weimar por otra.
Las mentiras y las manipulaciones históricas pueden ser un entretenimiento para demagogos y mequetrefes, más o menos grave dependiendo del puesto que ocupe el orate, pero lo que es un ataque directo a la esencia de la democracia es la demonización de los republicanos por el simple hecho de serlo. Los guardianes de la purísima Transición y los albaceas de la santísima Constitución deben explicar a los ciudadanos si en este país se puede ser republicano, o si cabe defender el derecho de autodeterminación de los pueblos, sin que de forma inmediata uno sea considerado un sucio radical guerracivilista que pretende romper España y coaccionar al impoluto Poder Judicial.
O dicho de otra manera: es el momento de aclarar si estamos ante la instauración de un nuevo régimen de pensamiento único, grande y libre por supuestísimo, o si las minorías pueden defender sus ideas como en las democracias de verdad.

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