La verdadera de razón de la guerra de Libia

LIBIA Y EL DOLAR

Por Eleuterio Fernández Huidobro |*|

Como si no pasara nada, ánima en pena divagante con un cuchillo de cocina incrustado hasta el mango en el parietal derecho, trae sus ojos en la mano mientras deambula por la Ciudad Vieja y acoda en sus boliches vociferando el “Brindis por Pierrot”… Lo ven y lo oyen desde las Oficinas. Pero simulan.

Suele parar también, a los tumbos y mangando, en la bullente Cantina de AEBU… La caridad permite afirmar que por esos lares, el disimulo es comprensible. Se lo entiende.

Se trata del dólar. O, mejor dicho: del Sistema Monetario Internacional.

Hace poco dijimos que tanto la guerra contra Irak, como las amenazas (incluso nucleares) contra Irán tienen como principal motivo la defensa desesperada del dólar.

Que Sadam cometió el crimen imperdonable de pregonar la venta de petróleo a cambio de Euros y otras divisas y que el Gobierno iraní tuvo el temerario atrevimiento de proponer (2006) una nueva Bolsa de Petróleo en la que este vital elemento se comercializaría en varias divisas MENOS en dólares.

Y aprovechando la crisis del 2008, la fundó.

Rusia hizo lo mismo con su decisivo suministro nada menos que a toda Europa.

Turquía y China, para no ser menos, acordaron liquidar sus intercambios en sus respectivas divisas abandonando el dólar. Asunto que por otra parte hicieron Argentina y Brasil y está propuesto para el MERCOSUR incluyendo a Venezuela.

Dijimos también que el único respaldo que le venía quedando al dólar era el de su uso para las transacciones de gas y petróleo.

Habiendo estafado al mundo en agosto de 1971 cuando por sí y ante sí decretó la no convertibilidad del dólar en oro porque ya no tenía oro, la Reserva Federal de los Estados Unidos (un peligroso banco PRIVADO de muy malos antecedentes), obligó al mundo a seguir usando como moneda para los intercambios internacionales el billete papel emitido por ella sin más respaldo que la celulosa empleada en fabricarlo. Como en un gran Casino que cerrara la ventanilla y no canjeara más las fichas por el dinero, los “puntos” seguimos timbeando a pura ficha y con una grave amenaza: no parar ni por un minuto.

El colmo es que en varios Estados de los propios Estados Unidos está en marcha la iniciativa de crear monedas propias con respaldo en oro y en plata. No confían en el dólar ni, menos, en el Banco Privado llamado Reserva Federal que, como todo el mundo sabe, ha estado severamente implicado en la fabulosa crisis financiera de los Estados Unidos y del mundo. Una gigantesca estafa (el ex Presidente de los Estados Unidos Andrew Jackson decía que la “Fed” era una “guarida de serpientes y ladrones”).

Es más: entienden que esa mala moneda produce grave daño a sus economías e incluso las inestabiliza cuando no, lisa y llanamente, las paraliza.

Ya no se trata de un grupo de vecinos ni de una moneda local o paralela (de las que abundan en los Estados Unidos) sino de un grupo de Estados muy importantes encabezados en estas horas por Utah y Virginia.

La Constitución los ampara y, en ese sentido, el de emitir monedas propias, hay muchos y muy largos antecedentes en la Historia de los Estados Unidos. Como es obvio, uno de esos Estados propone movilizar y constituir su propia Fuerza Armada para la debida custodia de su futuro Banco Central. Esto también está autorizado por la Constitución y por la Historia de los Estados Unidos. También era reclamado por Artigas en sus federales Instrucciones del año XIII: “la Provincia reserva el derecho a levantar sus propios Regimientos”.

Que efectivamente levantamos para luchar contra el autoritarismo centralizador porteño (Unitario y posteriormente colorado) y contra las monarquías y los Imperios de entonces.

Es increíble pero es así: la pasada Dictadura cívico-militar, derogó nada menos que el curso forzoso de nuestra Moneda Nacional. Mayor entreguismo es inimaginable. Reconozcamos que ello estuvo a cargo del muy cívico y para nada militar equipo económico que venía de antes y siguió después (casi hasta nuestros días). Ni uno de ellos está preso siendo que al pueblo lo masacraron para eso. Porque los Golpes y todos sus crímenes, acá, y en la Región no fueron “por afición”. No hubo una repentina plaga de sádicos como puede haber una repentina manga de langostas: hubo la necesidad imperial de meter a la fuerza un “modelo” al servicio del Capital Financiero. Esas fuerzas “civiles” están vivas, coleando, y hasta con cierto barniz de sólido prestigio. Es más: según la extravagante normativa internacional vigente, no han violado ningún Derecho Humano.

Pues bien: la actual guerra contra Libia tiene el mismísimo origen: la defensa, a muerte, del dólar.

Resulta que Gadafi tuvo hace ya un tiempo la peregrina cuanto osada y casi suicida idea, de “pasarse al oro”. En las bóvedas de su Banco Central hay Reservas amontonadas por la friolera de 200.000 millones de dólares de los que, en oro, existen 144 toneladas. Hace rato que Libia no cree en el dólar.

Pero ahí no paró su atrevimiento: propuso una moneda con respaldo oro para toda África y el consecuente abandono del dólar para sus transacciones. Concitó para eso un gran apoyo africano que se extendió a varios países del mundo árabe (también petroleros).

La monetaria propuesta iba como base de una gran zona de libre comercio. Y ambas como invitación a dar una lucha contra el atraso y la pobreza en aquel tan castigado Continente.

Ante ello, Nicolás Sarkozy concluyó: “Libia amenaza la estabilidad financiera mundial”.

Esa es la verdadera causa de la guerra contra Libia. La que no se informa. La que se oculta.

“Quién controle el volumen de dinero de nuestro país es el amo absoluto de toda la industria y comercio. Y cuando uno se da cuenta de que el sistema entero está controlado fácilmente, de alguna u otra manera, por un puñado de hombres en las más altas esferas, no le hará falta que le digan como se originan los períodos de inflación o depresión” (James A. Garfield, Presidente asesinado de los Estados Unidos).

|*| Escritor, senador de la República.

Publicado en el diario Uruguayo, la República.

http://www.larepublica.com.uy/contratapa/446905-libia-y-el-dolar 

 

 

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