UN ESCÁNDALO DEMOCRÁTICO

Por Gaspar Llamazares.

Si bien hay razones de principio, yendo al pragmatismo, las dos fuerzas políticas mayoritarias que se benefician de los escaños arrebatados a las fuerzas políticas minoritarias no están dispuestas a que impere el principio de representación sobre la razón, en este caso pragmática, o la razón de la gobernanza, que de muchas maneras se puede llamar.

Nuestra Constitución contempla un sistema electoral proporcional y también consagra el principio de igualdad. Pues bien, en la práctica el actual sistema electoral, heredero del posfranquismo y con clara voluntad de continuidad, vulnera y pervierte esos principios constitucionales, a tal punto que se puede considerar la actual aplicación de la Ley Electoral como un fraude de Constitución.

Ya no hay un sistema proporcional pues en la mayor parte de las circunscripciones predomina en la práctica un sistema mayoritario, lo que supone una estafa ciudadana.

Los ciudadanos que votan a las fuerzas políticas minoritarias ven que es necesario multiplicar por diez el número de votos de las fuerzas políticas mayoritarias para tener un número equivalente de escaños. Por ejemplo, a nosotros nos cuesta casi medio millón de votos cada uno de nuestros escaños, cuando al PSOE o al PP esos mismos escaños les cuestan unos 60.000 votos.

En definitiva, en estos momentos la aplicación de la Ley Electoral es un escándalo democrático. Otra cosa es que no se escandalicen aquellos que resultan beneficiados del escándalo; otra cosa es también que ese escándalo democrático en una democracia de baja calidad no signifique un escándalo ciudadano. Eso es así y hay que reconocerlo.

La reforma propuesta por el Consejo de Estado es una propuesta que se corresponde con el espíritu constitucional, con la necesidad de una representación adecuada del voto y con el principio de igualdad. Tiene pocas posibilidades de prosperar pero eso no nos lleva a abjurar de nuestros principios y ya buscaremos otra mejor oportunidad.

Quizá sea cuando ocurra lo que puede ocurrir con nuestro sistema electoral, que una fuerza política pierda por votos y gobierne por escaños. Ese sería el absurdo del actual sistema electoral, porque ese sistema electoral, cosa que se oculta, muy bien calculado por quienes lo elaboraron en las postrimerías del franquismo, atribuye 12 escaños de partida a las fuerzas políticas de la derecha con relación a las fuerzas políticas de la izquierda. Por eso la derecha, que solamente ha ganado una vez en unas elecciones —1979— en nuestro sistema electoral, ha gobernado, sin embargo, más veces en nuestro país. Tendremos que esperar a que ese escándalo democrático se convierta en un escándalo ciudadano.

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