El ajuste salarial que viene

Los caciques no han desaparecido en el digitalizado siglo XXI. Su espíritu sigue habitando entre nosotros y ahora está en ese fantasmagórico concepto llamado mercados. Lo que está pasando hoy es una analogía de aquella caciquil y dramática España franquista rural, que retrató magistralmente Delibes en Los santos inocentes. El cacique, dueño del destino de todos, es un ser egoísta, cruel, indiferente al sufrimiento de sus siervos a los que humilla. Va siempre a lo suyo y todos están a su servicio: Paco el bajo, la Régula, el retrasado Azarías…Iván, el cacique de Delibes, sólo se topa con su castigo después de matar por capricho a la milana bonita, la única amiga de Azarías: el santo inocente venga a su querido pájaro y ahorca a Iván.

Caciques financieros, ivanes, son hoy los que mandan en los mercados internacionales, los que dicen que nuestras pensiones son excesivas, que nuestras casas son basura, que los derechos laborales son superfluos y que hay que recortarlos o acabar con ellos… Aquí manda el capital, los nuevos caciques, no las cartas de derechos fundamentales de los ciudadanos. El pastel es suyo y se lo reparten.

Pero la paciencia ha empezado a colmarse. Mal asunto. Hemos visto en el mismo día huelga general en Portugal y protestas masivas en Reino Unido e Italia. Los santos inocentes que se manifestaban saben que la avaricia implacable de los mercados provocó la crisis pero que la factura la pagamos nosotros.

Zapatero pide hoy a 39 grandes empresarios que inviertan aquí y que creen empleo. Seguro que habrá buenas palabras. Pero los empresarios, la mayoría de los cuales tienen grandes intereses en el exterior, advierten que ellos se deben a sus accionistas y a intentar obtener la mayor rentabilidad porque así funciona el capital, incluso con los pequeños ahorros. ¿Cuántos de nosotros si podemos elegir entre depósitos a plazo de distintos bancos optamos por el que ofrece el menor tipo de interés?

Así que los empresarios buscan maximizar el beneficio mientras el Gobierno está componiendo un nuevo mantra de moderación simultánea de beneficios empresariales y salarios para conseguir mayor competitividad. La primera parte no se va a cumplir, porque cualquier empresa que reduzca beneficios se verá penalizada en bolsa y a la hora de obtener financiación. Y ninguno se quiere suicidar financieramente.

La segunda parte de la salmodia, el ajuste salarial, dadla por hecha. De eso vamos a oír hablar mucho. Aunque nuestro problema es más de baja productividad que de altos costes laborales. El modelo de crecimiento económico en España se ha basado en sectores poco productivos, con empleos de baja cualificación, escaso sueldo y mucha temporalidad. El salario medio español es la mitad que el inglés, el holandés o el alemán, y un 20% inferior a la media de la UE. Este dato es comprobable en el informe del IESE sobre la evolución del salario en 14 países europeos entre 2003 y 2008.

No sé cómo acabará esto. En el libro de Delibes, Azarías vengó a la milana bonita y a todos los santos inocentes. Claro que se trataba de literatura. De la buena.

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